Aunque parezca extraño en términos estrictos el ser humano no necesita sal en su alimentación, ya que los alimentos contienen cantidades suficientes de sodio para completar las necesidades. Es algo más cultural y a lo que nuestro paladar se ha acostumbrado por lo que la sal forma parte de nuestras vidas.
Desde tiempos remotos la sal se ha utilizado como condimento y conservante en la preparación de alimentos y bebidas y como moneda de cambio y símbolo de poder en civilizaciones antiguas.
En chile se está estudiando la medida de bajar en un 25% el sodio en el pan. De acuerdo al Nutricionista de Vidaintegra “esta es una muy buena medida para que nos acostumbremos a consumir productos con menos sal, pero la reducción debiera ser mayor”.
Más allá de su larga historia, la sal (NaCl) es el gran enemigo de los hipertensos, pero con unos simples consejos se puede reducir el consumo de sal en la dieta casi sin darnos cuenta y sin que las comidas parezcan tener “poca sazón”.
La baja en el consumo de sal previene los siguientes trastornos:
• Hipertensión arterial: se trata de una enfermedad en la que hay que controlar muy de cerca el aporte de sodio a través de la alimentación, una baja ingesta por parte del agua reducida en este mineral contribuye a mantener saludables los vasos sanguíneos y la presión arterial bajo control.
• Retención de líquidos: es un fenómeno muy común en especial en aquellas personas con sobrepeso, para ello se aconseja reducir al máximo la ingesta de sodio y aumentar la inclusión de líquidos. El agua baja en este mineral ayuda a prevenir o bien a hacer mucho más leve este trastorno.
• Diabetes: en dicha enfermedad aumenta de manera significativa el riesgo de padecer enfermedad cardiovascular, por lo tanto, es esencial cuidar (entre otras cosas) el aporte de sodio alimentario. Las aguas con bajo contenido en este mineral contribuyen a mantener normal la presión arterial y al mismo tiempo cuidan la salud cardiaca.
• Enfermedad renal: el sodio es un mineral que se excreta a través de los riñones, su exceso puede provocar serios trastornos a este nivel. El agua baja en sodio es ideal para personas con insuficiencia renal.
• Enfermedad cardiaca y cerebral: la baja ingesta de sodio contribuye a proteger el corazón, el cerebro y las arterias. Además de los alimentos con bajo contenido de sal, las aguas reducidas en este mineral ayudan, como ya se mencionó, a mantener normal la presión arterial y esto, en consecuencia, mantiene sanos el aparato cardiovascular y el cerebro.
• Trastornos digestivos: aparte de todo lo señalado, un exceso de sodio daña la mucosa gastrointestinal pudiendo producir gastritis, úlceras gastro duodenales e incluso su consumo excesivo en forma crónica, puede aumentar el riesgo de padecer cáncer de estómago. Las aguas bajas en sodio, en este sentido, sin duda protegen el aparato digestivo.
• Osteoporosis: como se ha visto hasta ahora,consumir sodio por demásresulta siempre perjudicial; la salud ósea no escapa a esta regla. Una ingesta excesiva provoca un aumento en la eliminación de calcio por orina, incrementando el riesgo de pérdida de masa ósea. Las aguas reducidas en sodio contribuyen a su prevención.
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El especialista de Vidaintegra recomienda no poner el salero en la mesa para así evitar un consumo desmedido de sal y sustituir la sal por especias y condimentos para que las comidas no te parezcan desabridas. La pimienta, vinagre, limón, ajo, comino y similares evitarán que te acuerdes de la sal y harán más sabrosas las comidas.
Recordemos que los expertos limitan a tomar como máximo 5-6 gramos de sal por día.





















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