Cada vez es más común escuchar sobre parejas
que han optado por la adopción para hacer realidad sus sueños de ser
padres. Atrás queda el egoísmo.
“La adopción es cuestión de
filantropía; adoptaron por miedo a quedarse solos; todos los niños
abandonados son conflictivos; el proceso es demasiado complicado; los
niños no perdonan ser adoptados; es imposible que los papás generen un
vínculo igual con sus hijos biológicos que con los que no lo son…”
Estos eran sólo algunos de los mitos y prejuicios que se tejían en
torno a la adopción hace algunos años, años en los que el tema
resultaba todo un tabú y las familias que se inclinaban por esta opción
preferían mantener bajo absoluta reserva su decisión.
Ahora, poco
a poco, la sociedad ha entendido que adoptar un hijo no es cuestión de
lástima pues no basta con tener buenas intenciones; tampoco un asunto
de egoísmo con el que se busca satisfacer un deseo a como dé lugar; ni
mucho menos un salvavidas para un matrimonio en crisis, es un acto de
amor de una pareja que busca formar una familia y no puede o quiere
concebir hijos y así lo debe determinar una autoridad competente.
Sin prejuicios
Uno
de los miedos que asaltan con mayor frecuencia a las parejas que buscan
adoptar un hijo es el comportamiento que el niño pueda llegar a
presentar. Siempre surgen interrogantes sobre si tendrá problemas de
conducta, si se inclinará hacia el alcohol o las drogas, si será
agresivo o retraído, en fin… si por su condición de abandono mostrará
algún tipo de trastorno.
De acuerdo con los expertos, el
comportamiento de un niño y su interacción con la sociedad depende de
la educación y formación que reciba. Por lo tanto, no es necesariamente
su procedencia la que determina su accionar, es su círculo afectivo y
social el que influirá en su desarrollo y, por supuesto, las
herramientas que los padres le provean para enfrentarse a los
obstáculos y oportunidades.
Por otra parte, es común que los
futuros padres se pregunten si lograrán crear un vínculo incondicional
con su hijo adoptivo. Pues para su tranquilidad los sicólogos afirman
que tanto en los casos de niños consanguíneos como adoptados las
relaciones se van construyendo y fortaleciendo con el paso del tiempo,
con la convivencia y con los buenos momentos que generan, a su vez,
buenos recuerdos y fuertes lazos afectivos.
La duda más frecuente
Ocultar
que un niño es adoptado es darle una connotación negativa o vergonzosa
a esta condición, razón por la que los especialistas recomiendan decir
la verdad al pequeño sobre su origen. Hacer este proceso es también
muestra de que los padres han aceptado completamente y a plenitud a su
hijo lo que contribuirá a fortalecer las relaciones de autoridad y de
confianza.
Cuéntanos sobre tu experiencia.






















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