
Si bien sólo el 10% de las mujeres embarazadas han presentado pregorexia, esta tendencia va en alza, pese a los riesgos médicos que acarrea tanto para la madre como para el feto.
Hace algunos años que el embarazo en Chile viene experimentando un alza importante de casos de pregorexia, que es la temida anorexia pero sufrida en plena época de gestación.
Con el embarazo, es natural que la suma entre el apetito de la mujer y el crecimiento del feto den como resultado un alza progresiva de peso. Sin embargo, algunas mujeres se resisten a la idea de ver modificado su peso y figura a causa de estar encinta. Ese temor las lleva a crear un trastorno alimenticio que aparte de provocar negativos efectos en la afectada, el feto también sufre con esos efectos.
Y es que esta nueva forma de anorexia en embarazadas arrastra además un perfil previo de afectada que ya sufría de trastornos alimenticios pero que al esperar bebé se acentúa dicha anomalía: evitan las comidas familiares para no ser detectada su enfermedad, tienen entre 25 y 35 años, de nivel socioeconómico alto y trabajan en puestos altamente competitivos, por lo que creen que un embarazo y un cambio en su cuerpo genere efectos adversos en su vida social y laboral.
“Ellas no son conscientes de que el bebé, la placenta y los fluidos corporales representan un porcentaje importante de ese aumento de peso y que es inevitable”, explica el doctor Juan Valdivia, ginecólogo de la Clínica Alemana, quien ha visto un 10% de casos que llegan a su consulta que presentan pregorexia.
“Una mujer de peso normal debiera subir entre nueve y 12 kilos, en promedio, durante el embarazo”, agrega la nutrióloga del Centro de Tratamiento de la Obesidad de la Universidad Católica, Paola Negrón. Sin embargo, aquellas que sufren pregorexia suben menos de ocho kilos y, según el doctor Valdivia, “en los casos más extremos ganan sólo cinco kilos durante la gestación”.
Las consecuencias de esta enfermedad son descalcificación y fragilidad de los huesos, anemia y debilitamiento del sistema inmune, con problemas de cicatrización y mayor riesgo de contraer enfermedades virales. En tanto, el bebé también sufre con este problema: restricción de crecimiento al interior del útero, bajo peso al nacer y, a largo plazo, podría sufrir diabetes e hipertensión.
La pregorexia, un mal que poco a poco va encontrando nuevas víctimas y que es necesario detener esta vorágine, por la salud de las madres y los niños que vendrán.
Fuente: La Tercera















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