
Si bien las manos son las primeras en delatar el mal hábito de comerse las uñas, lo cierto es que nuestra salud dental se ve igualmente deteriorada con esta práctica, aunque los daños no sean visibles a simple vista.
Y es que la onicofagia –nombre que recibe esta patología en términos médicos- produce un desgaste y astillamiento de los dientes en forma prematura, lo que incluso puede llevar a futuro a que se produzcan fracturas en los bordes dentales, especialmente en el caso de los incisivos laterales y centrales, y los caninos. Además, existe la posibilidad de que se presenten alteraciones en el aspecto funcional, debido a que las contracturas musculares que se realizan con la mandíbula pueden traducirse en fuertes dolores a nivel local.
De acuerdo a lo que señalan los especialistas, quienes padecen este problema generalmente son diagnosticados en la consulta odontológica, pese a que su tratamiento requiere, en la mayor parte de los casos, apoyo terapéutico. Esto se debe a que en su origen suelen haber implicados aspectos emocionales -como la angustia o el estrés-, por lo que la ayuda psicológica puede resultar importante en su erradicación.
En este sentido, y para tener éxito en la superación de este trastorno, es esencial que los afectados tengan la voluntad de abandonar el hábito de morderse las uñas cuando se vean enfrentados a un momento de tensión, ya que sólo así se garantiza el éxito del tratamiento que puedan realizar los dentistas -como fundas, férulas, obturaciones o pulido dental, dependiendo de la magnitud del daño-. Es aquí, entonces, donde el crear conciencia respecto del daño que se está produciendo juega un rol fundamental.
¿Qué pasa con los niños?
Muchos papás se inquietan al ver a sus hijos desde pequeños comiéndose las uñas, y consultan a los odontopediatras respecto de cómo pueden evitar este problema.
Según los expertos, en los menores también puede existir un componente emocional asociado -que obligaría a investigar el motivo causante de esa situación- pero también está la posibilidad de que se trate de una conducta imitativa o de mero entretenimiento, que suele ser más fácil de abordar, ya que el enfoque debería estar puesto en la reeducación.
En todo caso, los padres deben prestar atención también a otro tipo de prácticas -como morder las tapas de los lápices, por ejemplo- que igualmente tienen que ser evitadas, ya que al implicar un esfuerzo dentario superior al normal, pueden producirse daños incluso más graves.





















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