
Un niño, debido a su sistema nervioso aún no esta completamente desarrollado para entender procesos racionales y lógicos se basa en lo que observa, en lo que mira, en lo que lo rodea. Lo cual es la forma de aprendizaje que poseemos todos los animales y que heredamos genéticamente... Lo que nuestros niños aprenden es un 80% lo que ve y sólo un 20% lo que le dice.
Lo que observan primero, es el compartamiento y la carga emocional de ese comportamiento, se da cuenta como todos corren, en especial su familia, y se dan cuenta que es pánico y que hay mucho miedo a su alrededor. Y también sabe diferenciar si ese miedo es de terror y no saber que hacer o es una manera rápida y controlada en que actuan los que estan a cargo de ellos. Si lo que observa el menor es control , se sentirá menos preocupado, y más confiado.
Pensando en ahora y que ya pasó el terremoto, y los niños ya quedaron con la impresión emocional
que observaron, lo que corresponde hacer es corregir los efectos
negativos, y potenciar los positivos.
Un niño que desarrolló
miedo y temor debe imperativamente ser intervenido para evitar que
ocurran daños en su desarrollo personal. En otras palabras, evitar que
se transforme en una persona que se deja manejar por las emociones
negativas y tenga conductas desesperadas.
- Esto se logra en primera instancia con buen humor. El adulto debe tomar con humor las consecuencias, y las conductas inadecuadas que vio el niño. Debe hablar sobre el tema, pero no hablarlo solamente “al niño”, sino que asegurarse que cuando lo hable “a otras personas” el niño también escuche – el niño aprende de lo que ve, no lo olvide.
- Lo más importante después de lo anterior está en que el adulto comience a mostrar las conductas adecuadas. Estas conductas adecuadas son las que finalmente corregirán las impresiones iniciales del niño.
- Para realizar las conductas adecuadas hay una técnica, tanto sobre el terremoto como en otras materias: permitirse sentir el miedo, permitirse sentir todas las emociones negativas, pero no dejar que estas emociones lo controlen a uno, sino que al revés. Al permitirse sentir las emociones éstas comienzan a perder fuerza. No desaparecen pero ya no son de la intensidad inmanejable de antes. Al permitirse sentirlas ellas siguen su curso normal en el sistema nervioso y no perturbarán otras funciones cerebrales. ¡Vívalas! ¡Expréselas! Sólo así disminuirán.
- Una vez que estamos aceptando esas emociones razonamos y escogemos la alternativa que más nos parezca útil para afrontar el problema que se está experimentando.
- Transmitir esperanza, control y tranquilidad.
- Recordar que en muchos casos los ni@s no tienen miedo del evento en si sino que los atemoriza ver a los adultos con pánico y sin control. Como padres no hay que esconderles lo que les ocurre, hay que comentar las preocupaciones pero siempre transmitirles seguridad y calma.
- Enseñarles medidas y crear un plan familiar por si uelve a ocurrir un temblor u otro terremoto. Ver que deben hacer, dónde colocarse, etc...
- Nunca olviden escucharlos, es bueno escuchar una y mil veces sus historias y responder a todas sus preguntas y acogerlas.
Para que todo resulte bien, hay que
recordar dos cosas elementales: los niños aprenden más de lo que ven
que de lo que les decimos; y, la valentía no es controlar el miedo,
sino que vivirlo y ser capaz de pensar con él.
fuente: psinfantil.bligoo.com












