26 ene 2009

Hombres Pasteles

 

Esto salió publicado en La Nación el 11 de enero de 2009. Vale la pena compartirlo.

Pasteles

En el colegio eran los más atractivos de la clase, pero no los más guapos. De adolescentes fueron más seductores con la profe. Y de veinteañeros los "entradores sociales", esos que engrupen a la cajera del supermercado o a la niña del McDonald?s para que los atienda mejor que al resto.

 

Pasados los treinta la simpatía se transforma y la convierten en patudez. Son los pasteles, hombres profundamente inmaduros, irresponsables y con vida cacho "que se siguen masturbando con su existencia", dice una de las fundadoras del blog Pasteleras, mujeres que coleccionan amoríos con este tipo de personajes.

 

Son los hombres niños que no trabajan y si lo hacen están endeudados hasta las patas y buscan mantención económica. Hacen pasar dolores de cabeza, pero también profundas alegrías. Las expertas aclaran que no son hombres malos, violentos ni misóginos, sino sólo niños tontos a los que les gusta jugar.

 

La fórmula que les permite triunfar es que son entretenidos, su comportamiento infantil genera risas, pueden jugar PlayStation todo el día sin inmutarse o hacer piruetas durante horas porque un pastel tiene desarrollado el sentido del espectáculo: nada le da vergüenza, puede bailar en la calle, ser simpático con la polola del cuñado, hacerse el lindo con la vecina y sumar encantos incluso con el sexo masculino que le aplaude cada una de sus piruetas.

 

El problema es cuando su pareja le exige cierto grado de ubicuidad amorosa después de meses de relación. Ella pregunta: ¿qué onda con lo nuestro? Y ellos reaccionan mirándola a la cara sin entender. La frase típica es: "Lo paso bien contigo, ¿acaso no es suficiente?

 

Los pasteles no conocen el compromiso ni el matrimonio. Los más avanzados pueden tener relaciones con la misma mujer durante cinco años, pero nunca la presentarán como su pareja a sus amigos ni tampoco a su familia. Las pololas cargan el título de ser "una amiga", aunque duerman juntos cuatro días a la semana.

 

Este tipo de parejas entra en crisis en fechas especiales como los cumpleaños, años nuevos y navidades porque ellas exigen compartir la celebración en pareja, pero ellos arman panoramas solos y a lo más llaman por teléfono para preguntar ¿cómo lo estás pasando? Cero posibilidad de hacer un plan común, porque su espíritu egoísta no se los permite.

 

Un pastel llega al departamento de "su amiga" a las horas más increíbles. Tiene sexo, duerme, almuerza, ocupa el auto y desaparece un mes sin dar explicaciones. A lo más llama por celular de madrugada con el pretexto de buscas auxilio.

 

Se enoja poco. La única cosa que lo molesta es cuando su pareja le pide retirarse temprano de un carrete un día hábil. Él dice "¡pero cómo nos vamos a ir tan temprano!", y ella responde: me tengo que levantar a las ocho y media para ir a trabajar. El pastel se amurra porque no entiende que las personas tienen una vida activa de lunes a viernes.



El tema laboral los determina porque si están cesantes es porque no encuentran una pega que los merezca. Quieren ser gerentes, ganar mucho dinero, empezar de abajo no es lo de ellos.

 

Pero hay pasteles que pasan piola y esos son justamente los más peligrosos, porque son profesionales exitosos, independientes, pero en el interior de su alma presentan las mismas características de los pasteles más tenaces.

 

A éstos se les reconoce porque cuando se les pregunta "¿a dónde va nuestra relación?", ellos no saben qué decir. "Me dijo que nos diéramos tiempo y llevábamos un año y medio saliendo", cuenta Camila, de 34 años, aún sorprendida.

 

Viven más tiempo en casas ajenas, donde se comen todo lo que hay sin problemas, que en la propia. Aprovechan, si es que pueden, de ocupar el wi-fi, el celular, la piscina, la ducha, el shampoo y la pasta de dientes.

 

"Los condones y el motel los pagaba yo", cuenta Verónica, de 32 años, ingeniero comercial que se relacionó tres años con un ejemplar de esta especie y que sufrió varias crisis emocionales por querer hacer cambiar a su pareja. Ellas los quieren, pero no les gusta la inestabilidad que practican a diario.

 

Según Marcela Morales, sicóloga clínica de la Universidad de Chile, la causa de este comportamiento se debe a que este tipo de adultos crecieron con un vínculo muy cercano a la madre. "Son hijos predilectos", explica Morales.

 

Puede ser el hermano menor o el que presenta alguna enfermedad, por eso la mami los cría haciéndoles entender que son un regalito de los dioses; en consecuencia, en sus relaciones de pareja buscan el patrón de mujeres con características maternales. Los pasteles tienen con sus mamás una relación de amor y odio, no se pueden despegar de ellas aunque en realidad no las llamen ni para el Día de la Madre.

 

Lo divertido es que la dependencia afectiva con las mujeres-mamás dura hasta que se sienten "grandes", momento en que van por una polola de verdad y se alejan. Pero esa actitud de madurez les dura tan poco que los imposibilita de cerrar el círculo vicioso; ese que los obliga a mantener a varias mujeres atentas a sus necesidades. Por eso vuelven al nido cuando fracasan con la otra mujer. Nada más seguro que la mamá que los entiende, les da en el gusto en lo que comen o les dice que son guapos, creativos y geniales.

 

En una fiesta, a un pastel se le puede ver enganchado con tres o cuatro niñas lindas en la misma noche. Llega con la última que conquistó, baila un par de horas y luego decide ir a dejarla con el cuento de que "está muy cansado".

 

Pero luego arremete con otra joven igual de amorosa que la anterior, pero con quien tampoco piensa terminar la noche. Una tercera chiquilla, más tierna, bonita y simpática que las anteriores, puede llegar a irse con él definitivamente.

 

Pero el pastel nunca pierde y si ésta última lo rechaza jamás hará un escándalo, porque sabe que cualquiera de las anteriores conquistas lo recibirá feliz en su cama a la hora que sea, en las condiciones que sea y por la cantidad de horas que sea.

 

La mujer que se relaciona con ellos suele ser insegura con respecto a los lazos que establece con los hombres, pero se siente encantada por lo maravilloso de sentirse necesitada.

 

Frente a una celosa o narcisista, los pasteles actúan en su máxima expresión: mienten sin límite. Facebook es la herramienta virtual que los delata. "En su muro habían dibujitos de cama, ahí supe que había una tercera persona en la relación", cuenta Déborah.

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